_Juan Carlos Bracho presenta TuttiFrutti en el Centro de Arte de Alcobendas hasta el 1 de febrero de 2020

Tutti Frutti es un ambicioso proyecto que ha ocupado a Juan Carlos Bracho (La Línea de la Concepción, Cádiz, 1970), durante los últimos ocho años, y donde, como en el resto de su producción, el conjunto asume el error y el azar como partes ineludibles de todo método creativo. Bracho, ligado siempre a procesos automatizados, repetitivos, así como a un vo – cabulario mínimo y modular de recursos gráficos, nos revela ahora una pasión por el color inesperada, al tiempo que mantiene la sobriedad, el rigor y la contundencia que le caracterizan. Desde tal posición ha abordado aquí su interés por el arte mono – cromo a partir del concepto de multipágina, ese sistema doméstico para conseguir imágenes fotomecánicas económicas y de gran tamaño a partir de la suma de nu – merosas impresiones en simples folios. El proyecto Tutti Frutti reúne en su totalidad, recogidos en varias cajas/archivadores, 100 de estos multipáginas, correspondiente cada uno de ellos a un color distinto, cuya impresión fragmento a fragmento va salpicando lo que en principio debería ser un plano de tono uniforme con numerosos errores, faltas, interferencias… El resulta – do pone de manifiesto cómo el “ruido” se impone inevitablemente a la claridad de la técnica y de la máquina en sus propios dominios; también que lo inesperado y la sorpresa son siempre susceptibles de enriquecer toda previsión, planificación o norma. En su tramo final, el plan de trabajo se vio completado con dos nuevas series, donde se reprodujo la secuencia de errores inicial: primero desde el lenguaje calcográfico, a partir de los colores primarios (cian, magenta y amarillo) más el blanco y el negro, y segundo desde la técnica del gofrado del papel, por medio de un sutil relieve sin tinta alguna. En este punto, la cadena de errores se ha convertido ya en una especie de código o lenguaje oculto. En el recorrido, el ciclo de lo manual a lo mecánico, de lo analógico a lo digital y de lo conceptual a lo material, se cierran sobre sí mismos en un viaje de ida y vuelta. Todo este conjunto de trabajos supone una reflexión sobre el color y la construcción mental del paisaje desde la abstracción más radical. Al fin y al cabo, los vínculos emocionales que establecemos con los colores dependen de lo que sobre ellos pro – yectamos, tal y como ocurre con las escenas de nuestros recuerdos. Óscar Alonso Molina, comisario de la exposición