Jesús Zurita_Lo que no_03/09/12_04/30/12

"Lo que no", el título de la última exposición de Jesús Zurita (Ceuta, 1974), está enunciado como una abrupta y áspera interrupción del discurso. De súbito el lenguaje resulta insuficiente. La frase se hunde, enmudece. Lo que no ejerce, además, dos violentas torsiones sobre la gramática. De un lado, la ausencia de verbo desintegra el tiempo y el movimiento; de otro, la identidad del sujeto se oculta en el artículo definido neutro.

En una entrevista reciente Jesús Zurita señalaba que el título es parte integral en su obra y que su función consiste en apuntar hacia el horizonte de sentido mediante la precisión y la sonoridad. En el caso de las exposiciones, su resonancia debería acompañar el recorrido por la sala como «una suerte de teatro de la memoria». Lo que no incide en los diferentes aspectos de la negatividad que aparecen en su trabajo: el no saber, lo sublime, el mal y el afuera.

El no saber es, paradójicamente, el método de Jesús Zurita, que consiste en obviar los principios y las razones últimas en favor del impulso y la mecánica del inconsciente. Sin embargo, esta práctica no conduce a una forma de escritura automática, sino que es la voluntad de preservar un resto de desconocimiento en toda obra.

El segundo aspecto de la negatividad es lo sublime. En Teoría estética, Theodor W. Adorno elabora varias definiciones de lo sublime. Desde un punto de vista energético, lo sublime es aquello que hace estremecer y provoca desasosiego. Su campo semántico incluye nociones como vértigo, angustia o dolor. Lo sublime es una experiencia límite que sitúa al espectador y lo hace consciente de sí mismo.

El mal no se presenta en la obra de Jesús Zurita como resultado de la falibilidad del ser humano, es decir, como resultado de su debilidad constitutiva, sino que tiene su origen en una realidad ignota y demoníaca. Esta dimensión «satánica» ha sido destacada por Óscar Alonso Molina. Asimismo, el propio artista expresaba recientemente su compromiso con «el derecho a temer» preconizado por el movimiento romántico y el simbolismo.

El último aspecto destacado de la negatividad y que difícilmente puede separarse del resto es el afuera. El afuera es una fuerza ausente que, sin embargo, actúa de manera violenta sobre las formas y las figuras pintadas, y que jamás se revela. Este punto de fuga invisible se encuentra en el origen de la forma narrativa.

Un círculo de extrañeza circunscribe la narración in medias res. El presente continuo es el tiempo de la acción en la obra de Jesús Zurita, un fragmento enigmático aislado de una secuencia de acontecimientos, y la composición uno de los mecanismos narrativos fundamentales. Al mismo tiempo, es constante el deseo de narrar a través del paisaje.

Desde el punto de vista compositivo, los elementos inscritos en el perímetro de la obra muestran las huellas y las marcas del afuera. En Lo que no pueden verse obras como Hervor (2010), El violento Cayetano (2011) y Toda herencia (2011) en las que las telas rojas se despliegan sobre la superficie como elementos inertes sometidos a la influencia de elementos externos desconocidos. Estas fuerzas ausentes retuercen y desgarran las formas creando un circuito para la mirada. Al mismo tiempo, la identidad material del cuadro se expone en estas obras en las que la tela cruda del lienzo y su sentido del tacto se oponen al ilusionismo frío y opaco del acrílico. Finalmente, Lo que no incluye una instalación mural, a través de la cual se establece tanto un diálogo entre la obra y el espacio como un diálogo entre las diferentes obras entre sí, del que emergen otras líneas argumentales, y que introduce el problema de la escala humana.

Javier Sánchez