_Manuel Antonio Domínguez_ Puro teatro_Inauguración_Viernes 07/06/24_20,30h

En esta ocasión el artista onubense vuelve a combinar la acuarela preciosista sobre papel y otros soportes (como la pandereta de la España de Machado), el collage detallista y la escenografía de objetos rescatados, para asistir a su representación del gran teatro de la vida. Ese en el que se pugna a muerte por la escena y la atención del espectador, que es, a su vez, actor en otras escenas del ámbito laboral, político, social, familiar, sexual o farandulero. A través de trece momentos rituales muy teatralizados -plagados de elementos ya familiares en su obra como imperdibles, cuerdas, andamiajes, banderines…- nos sumerge en su imaginario surrealista que desmonta la falsedad a través del dibujo realista.

La obra hace un recorrido a través de todos los elementos básicos de la actividad teatral: la ambientación (física y musical); el escenario, objetos de atrezzo y telón de fondo; el texto de cada intérprete; y el público, que acude a que le sirvan el entretenimiento en bandeja, pero se encuentra con un mensaje asignado en la butaca que rompe la cuarta pared.

Entre todos los elementos que componen la exposición, destaca la máscara, del árabe mashrah (“objeto de risa”), que permite escondernos, hacernos pasar por otros, practicar actividades escénicas o rituales. Hay una máscara real y dos imaginadas. Aunque las imaginadas parecen más reales, más fáciles de llevar. ¿Nos resultan más accesibles porque están en dos dimensiones? ¿Creemos más en las pantallas que en nuestra sensorialidad colectiva? Como siempre, el artista nos invita a sumergirnos en un desorden aparente pero concienzudamente desarrollado a nivel conceptual sobre la ambigüedad, la doble moralidad y la hipocresía. Con trazos magistrales siembra la duda sobre qué es personaje y qué personalidad, quién es intérprete y quién observador, qué caretas nos imponen y cuáles nos ponemos para sentirnos más libres, para parecernos más a lo que una ha soñado de sí misma. Porque cuando cae el telón, esas caretas tan líquidas y fluidas como el maquillaje barato, se te acaban integrando en la piel, cada
vez más fina.

Manuel Antonio Domínguez sigue usando el arte para reivindicar que rompamos la cuarta pared ante situaciones realmente dramáticas, frente al generalizado exceso de ofensa percibida por el individuo contemporáneo. Con su obra pretende desenmascarar el poder de lo falso y dejar sin atrezzo a esos pocos que nos asignan roles a vida para que bailemos al son de su música. La intención de revelar el poder del arte para luchar contra la doble moralidad, la hipocresía y la impostura, en la línea de trabajos anteriores como «Hombres sin cabeza», «La imagen estable» o «Radar», cubre toda la tarima/escena de este espectacular trabajo.

Atención, ¡se abre el telón!

Juliana Chaves Chaparro, Mixtura ambiental

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