






















_Juan Carlos Bracho_I.E.S. Reino Aftasí_23/01_10/03_26_dossier
“No te salgas de la línea”, “el tronco de marrón y la copa de verde”, “eso no va ahí”, “cuidado de hacer un trabajo limpio, sin manchas”, etc. Estas frases son habituales en las clases de “educación plástica” o “artes plásticas” en los colegios o institutos, aún hoy en día. La enseñanza artística, en todos los grados educativos, no suele abandonar la formación basada en la copia del natural y en el ideal de belleza renacentista definido por Vasari como la vuelta al orden clásico, la representación fiel de la realidad y la naturaleza, y, por supuesto, el cumplimiento de las reglas y las proporciones humanas, tan icónicamente representado por Leonardo da Vinci en su Hombre de Vitruvio (el antropocentrismo que sitúa al hombre como medida de todas las cosas y centro del universo).
En un gesto de desacralización del arte y una apuesta decidida por su dimensión lúdica y educativa, Juan Carlos Bracho busca la ruptura de lo normativo en el dibujo. Bracho no entiende esta disciplina como una técnica ni como un resultado formal, sino como una herramienta de pensamiento y acción. Por este motivo, integra habitualmente propuestas didácticas en sus proyectos, a través de experiencias participativas de aprendizaje transversal.
En Jóvenes ocultos, su cuarta exposición individual en la Galería Ángeles Baños, esta actitud se traduce en una obra coral que diluye los límites entre autoría, proceso y resultado final. El proyecto se articula en torno a una intervención mural compuesta por dieciséis círculos de gran formato ejecutados in situ. Aunque iguales en tamaño, sus formas y sus colores son variados y afines como los jóvenes ejecutores, y se distribuyen generando una composición dinámica y envolvente que transforma la percepción del espacio que los acoge. El frottage refuerza, además, la idea de revelación, ya que el dibujo emerge a través de la acción, el contacto y el desgaste, haciendo visible lo que antes permanecía oculto.
Cada círculo ha sido realizado por varios de los alumnos o alumnas participantes en el taller Ejercicios de dibujo, desarrollado por el artista a lo largo de varias sesiones en el I.E.S. Reino Aftasí; unas jornadas que se han planteado como una actividad teórica y práctica, a través de la cual reflexionar en comunidad sobre el acto de dibujar. Porque, ¿qué es dibujar? ¿Cuál es el significado de “dibujar bien” y “dibujar mal”? ¿Cómo podemos aprender a desdibujar?
Así, el dibujo deja de ser una prueba de habilidad para convertirse en un espacio común de experimentación y aprendizaje, en el que se diluye la noción de habilidad y la jerarquía entre artista y participantes; una práctica accesible a cualquiera, independientemente de su destreza o experiencia previa.
Jóvenes ocultos, el último de los ejercicios, sale del papel en blanco y llega hasta los muros, rompiendo las normas establecidas y ocupando el espacio expositivo con una propuesta conceptual arriesgada y valiente, a pesar de situarse en una galería comercial y en un contexto educativo académico. En definitiva, no teme lo desconocido, lo extraño o incluso lo que asusta a priori.
La intervención finalmente redibuja la arquitectura de la galería, donde las estructuras geométricas funcionan como una metáfora de las relaciones humanas, pues las distancias, intersecciones y tangencias entre los círculos evocan vínculos afectivos y sociales: una suerte de cosmografía de cuerpos celestes que suben y bajan, se acercan y se alejan en un movimiento circular infinito.
Pero el espectador que transita por la galería puede ampliar su mirada y descubrir múltiples referencias: del famoso dibujo de Leonardo, con el cuerpo humano inscrito en un círculo y un cuadrado, a las formas geométricas de las vanguardias europeas de la primera mitad del siglo XX; de las pictografías primitivas y los petroglifos de hace millones de años, realizados a partir de geometrías simples, hasta los cuadernos infantiles destinados a colorear, recortar o pegar; de los dibujos rápidos y fugaces de las pizarras de las aulas, hasta las pintadas esquemáticas, tags y graffitis de calles poco iluminadas; de los nuevos mundos revelados por los avances tecnológicos (la visión de un universo vasto y complejo, no geocéntrico, con el telescopio, o los submundos minúsculos e invisibles a simple vista con el microscopio), a mundos no vistos, solo imaginados.
Jóvenes ocultos no propone una obra cerrada ni un objeto para la contemplación, sino una situación compartida que sucede en el tiempo, en el espacio y en la relación entre quienes la hacen posible y la experimentan, integrando de forma inseparable lo pedagógico, lo lúdico y lo artístico.
Javier Martín-Jiménez
Con el apoyo
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