



















Celestial Bodies_Emilio Gañán_06_09/24_10_25_dossier
Iniciamos la temporada con la muestra “Cuerpos Celestes” de Emilio Gañán (Plasencia, Cáceres, 1971). A grandes rasgos, la obra del artista extremeño podríamos enmarcarla en la denominada “geometría sensible”, donde se combina rigor matemático con la acción del subconsciente y la sensualidad de la materia y el gesto. Su pintura se fundamenta en la línea sobre el plano, creando ritmos y composiciones que confieren unidad a sus obras a través de juegos de oposiciones y rupturas.
La serie “Cuerpos Celestes” se compone de un conjunto de piezas abstractas que reflexionan sobre el espacio pictórico como sistema relacional. Las formas, cuidadosamente definidas, no remiten a objetos reconocibles, pero sí establecen una estructura de vínculos y tensiones que sugieren desplazamientos, pausas y alineaciones. La pintura describe más que representa.
Las obras parten de una sensibilidad geométrica con raíces en el pensamiento cubista pero reformulada a partir de una experiencia contemporánea de la línea, el plano y el color. Cada cuadro es resultado de una construcción precisa aunque no rígida: las rectas contienen márgenes de variación, las relaciones formales permiten oscilaciones. Hay método, pero también escucha.
Al mismo tiempo, el fondo de las piezas cumple una función decisiva. Actúa como un éter estructural de carácter constructivo que acompaña la acción del pintor y define un clima visual específico. En ciertos casos, introduce contrastes formales que articulan el campo pictórico según una particular jerarquía cromática, cuyo proceso de síntesis da lugar a obras tan enigmáticas como sugerentes.
El proceso de trabajo alterna momentos de planificación con otros de ajuste intuitivo. En este sentido, el artista oscila entre dos modos de orientación: uno que podríamos asociar al mapa —donde la estructura está trazada de antemano— y otro más cercano a la brújula —donde las decisiones se toman en función del presente de la obra—. Esa combinación da lugar a una pintura que no responde a un modelo externo, sino que se define a medida que se construye.
“Cuerpos Celestes” no es una serie cerrada ni temática. Su unidad radica en una actitud constante hacia la forma: observarla como posibilidad, trabajarla como relación. Las composiciones aquí reunidas no buscan imponerse, sino disponer condiciones para que algo pueda aparecer. En ese sentido, son “cuerpos celestes”: no por representar el cielo sino por proponerse como formas que se sostienen en el espacio por la lógica interna que las articula.
Con el apoyo
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